Shutter Island: Crítica cinematográfica

Reseña de la película Shutter Island (2010)

A estas alturas y tras décadas de carrera, es obvio decir que Martin Scorsese es uno de los mejores y más particulares directores de cine de los últimos años. Su nuevo largometraje Shutter Island, para bien o para mal, sorprende; y no porque no haya ni rastro del personal sello del director, que sí que lo hay, sino porque la película supone un giro en la temática de tono más realista de los filmes que le han encumbrado.

No queda claro si Shutter Island es una única historia o dos versiones de la misma, una real y otra deformada. Sea como fuere, el resultado es un thriller psicológico inquietante y misterioso que te va atrapando y enredando como una pegajosa tela de araña plagada de preguntas sin respuesta. Basada en la novela homónima del escritor norteamericano Dennis Lehane, autor de títulos como Mystic River y Adiós, pequeña, adiós – ambos llevados con éxito a la gran pantalla – la película número treinta en la filmografía del director ofrece un viaje psicológico de intriga y tensión en el que ya desde su inicio, con un primer plano de Leonardo Di Caprio angustiado a bordo de un barco mientras se insta a sí mismo a calmarse, transmite una extraña sensación de sobrecogimiento que dura hasta el final.

2010_04_25_Shutter Island_Crítica cinematográfica

La historia arranca en el verano de 1954. Los agentes judiciales Teddy Daniels (Leonardo Di Caprio) y Chuck Aule (Mark Ruffalo) se dirigen en ferry a la remota isla del puerto de Boston Shutter Island. La atmósfera en la que se desarrolla la historia – una prisión psiquiátrica aislada en una no menos aislada isla – y el comportamiento misterioso y desconfiado de los personajes transmiten inquietud e incertidumbre, nada es lo que parece y el espectador lo intuye desde el principio. Los personajes ocultan algo y, gracias a la ayuda de un guión bien hilvanado que arroja, sutilmente, un poco de luz sobre las tinieblas – la torpeza de Chuck al sacar su revólver, gesto que no pasa inadvertido para Daniels – o la conversación de éste último con el paciente George Noyce – uno se va metiendo en la historia con ganas de saber más y más.

Durante el desarrollo de la trama los episodios de alucinaciones y pesadillas son una constante y, si bien las escenas están bien logradas y sorprenden al principio, los continuos giros y flashbacks se hacen un poco pesados. Cadáveres apilados con rostros de estatuas de cera, papeles volando en una oficina de las SS o la imagen de la dulce esposa deshaciéndose en cenizas forman la parte más onírica y surrealista del filme. Visualmente hermosas y estéticas como un cuadro – en especial la de la oficina que parece sacada de la pintura Golconde de Magritte – , la cinta peca en exceso de estas secuencias y, aunque Thelma Schoonmaker hace una labor excelente en el montaje y corte de los flashbacks, escenas como la de la caverna o la de las ratas saliendo del acantilado están de más y no aportan nada a la historia. Esta sucesión constante de paranoia – realidad hace que uno, al final, acabe preguntándose por qué tanto universo Lynch en una de Scorsese; uno se queda con la sensación de que a la cinta le sobra metraje, que se puede contar lo mismo en menos tiempo.

Las interpretaciones son notables y convincentes, empezando por un Leonardo Di Caprio en quien recae todo el peso interpretativo, convence pero no deslumbra, y esto ya es bastante al tener que lidiar con un personaje atormentado por su pasado como militar al final de la Segunda Guerra Mundial y por el recuerdo de su mujer fallecida. Junto a él un plantel de secundarios que brillan con luz propia – Mark Rufallo y Ben Kingsley como el siniestro doctor John Cawley – Michelle Williams, Max von Sydow – un poco desaprovechado – Emily Mortimer, Patricia Clarckson y un brillante y destacable Jackie Earle Haley.

Esto no sorprende, sin embargo. Scorsese es un director que siempre ha sacado provecho de los actores con los que trabaja. Si bien ya lo hizo con Sharon Stone – encasillada en papeles de sex-symbol hasta protagonizar Casino, papel que le valió el Globo de Oro a la mejor actriz – con Di Caprio la buena sintonía es de sobra conocida. Y es que haciendo un repaso a su carrera, ya desde sus inicios Scorsese ha sido un director de actores, o más bien, de actores fetiches. En su ópera prima Who’s that Knocking at my door contó con un jovencísimo y descarado Harvey Keitel con quien repetiría más tarde en Malas Calles, Alicia ya no vive aquí y Taxi Driver pasando el relevo a Robert de Niro y éste a su vez, a Leonardo Di Caprio, siendo Shutter Island su cuarta colaboración junto al director tras Gangs of New York, El Aviador e Infiltrados.

El filme en conjunto se aleja bastante de sus anteriores trabajos como director pero Scorsese es un creador de historias que arriesga, experimenta, se recicla. En una palabra, evoluciona. En Who’s that Knocking at my door ya apuntaba maneras al retratar con buen hacer los entresijos de las mafias italo-americanas hasta que poco a poco fue depurando su estilo dando lugar a aclamados filmes como Uno de los Nuestros, Casino e Infiltrados.

Shutter Island se puede ver como una producción con tintes comerciales, como un guiño hacia un público joven poco familiarizado con sus películas más míticas pero, y pesar de que Scorsese no ha ahondado mucho en el suspense psicológico a lo largo de su filmografía – el único ejemplo que me viene a la mente es El Cabo del Miedo, no entre sus mejores obras – Shutter Island se puede ver como un retorno al mundo paranoico interior de Taxi Driver. La película es muy rica visualmente, con campos de visión amplísimos que realzan el suspense que rodea la historia. Rodada al estilo clásico, en una especie de homenaje al cine de los años 40 y 50, la cinta cuenta con una puesta en escena sobria y clásica y una fotografía – a cargo de Robert Richardson – atípica y oscura, muy lograda sobre todo en las escenas de lluvia y tormenta.

La banda sonora, compuesta por piezas de música clásica moderna – György Ligeti, Morton Feldman e Ingram Marshall, entre otros – es un elemento más de suspense que provoca un efecto inquietante y extraño. La pieza central de la película, la Sinfonía nº 3 del compositor y director de orquesta polaco Krzysztof Penderecki ‘Passacaglia – Allegro Moderato’, suena de fondo al inicio y durante los momentos claves del filme, enfatizando la tensión y sensación de inquietud durante todo el largometraje.

En definitiva, puede que no estemos ante la mejor obra de Scorsese, pero Shutter Island engancha, atrapa y entretiene. Se puede ver como un ejercicio experimental y arriesgado pero el resultado final es una película que aprueba con notable.

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